Biografía
Nací el 2 de junio de 1965 en Zaragoza, ciudad en la que he vivido siempre. La familia de mi padre era originaria de Vera de Moncayo, la de mi madre, de Jaca. Estudié en el colegio de los Jesuitas y, al terminar, inicié la carrera de Ciencias Químicas, en la que me licencié en 1988.
Mi vida ha girado en torno a la música. Ya desde la adolescencia se convirtió en una verdadera pasión. Recuerdo aquellas cintas de casete con fragmentos de música clásica que escuchaba en los viajes en el Seat 600 familiar, las que empecé a comprar a finales de los años 70 en las tiendas de discos del centro de Zaragoza. Desde entonces, las sinfonías de Mozart, Beethoven o Tchaikovsky, las cantatas de Bach, los oratorios de Haendel o las óperas de Verdi y Puccini formaron parte de mi paisaje vital y fueron la primera escuela de mi pasión por la música.
Pronto ese espectro de audiciones se fue ampliando con las primeras compras de música pop. Boney M, Supertramp, los primeros vinilos comprados en la tienda “Discos Star”, que había junto a mi casa, y por la que pasaba una vez por semana para gastarme la paga en un disco. Es entonces cuando el espectro de audiciones comienza a decantarse por el rock: AC/DC, Ramones, Led Zeppelin, Rolling Stones, Pink Floyd, Status Quo, Bob Dylan… Decenas de discos que se iban acumulando en las estanterías del dormitorio y que pronto se vieron enriquecidos por la llegada de la New Wave inglesa: The Cure, Bahuaus, Police, Fischer-Z.
Es entonces cuando se produce un momento mágico en mi vida. Fue un fin de semana en que me quedé solo en casa y puse la música a todo volumen. Entonces cogí el stick de hockey hierba de mi hermano y empecé a simular que tocaba la guitarra, mientras cantaba a voz en grito esos temas de rock and roll. Fue flipante. Sentí todo el poderío de la música rock fluyendo por las venas. Pensé que tocar en un escenario ante el público tenía que ser la leche. Tenía que probarlo fuera como fuese.
Y no perdí las oportunidades que se fueron presentando. La primera de ellas fue en 1982, mientras estudiaba COU. Fue entonces cuando comencé a asistir a los ensayos del grupo de mi amigo y compañero de colegio Ramón Subías: Edición Fría. Al principio, como mero espectador, un poco más adelante, como cantante, cuando Ramón, que tocaba el bajo y cantaba, me pidió que lo hiciera en su lugar. Y no se me ha olvidado el primer concierto de mi vida, el que ofrecimos en la discoteca del colegio de los Jesuitas en 1982.
Otro momento especial fue cuando Ramón dejó el grupo y asumí la responsabilidad de tocar el bajo, el instrumento que iba a ser tan importante, puesto que fue la clave para que Juan Valdivia se fijara en mí.
Recuerdo que Edición Fría y Héroes del Silencio teníamos los locales de ensayo en la misma calle, Capitán Pina, en el barrio de las Delicias de Zaragoza. Juan Valdivia, Enrique Bunbury y Pedro Valdivia llevaban juntos desde finales de 1984. Entonces, en octubre de 1985, fui con ellos al improvisado estudio de grabación de Carlos Frisas para ayudar a Juan con las guitarras de la maqueta que querían registrar. Llevé unos pedales que me dejó un amigo, un distorsionador, un chorus y un delay, que entusiasmaron a Juan. Poco después, me ofreció el puesto de bajista en su banda, puesto que Enrique quería dedicarse tan solo a la interpretación vocal. Acepté. Desde ese momento, todo giró en torno a la banda con la que triunfaría en medio mundo: Héroes del Silencio.
Trabajábamos como locos. Nos encerrábamos en el local de ensayo siempre que podíamos a componer. Y así fueron saliendo las primeras canciones en las que intervine: “El mar no cesa”, “No más lágrimas”, “El estanque” o “La lluvia gris”. Y aceptábamos cualquier bolo que nos ofrecieran, en Zaragoza o en los pueblos de la provincia, a los que nos desplazábamos en el R8 que conducía Enrique. Otra de nuestras obsesiones, ese afán por tocar en directo fuera donde fuese, aunque solo nos pagaran con unas cervezas, aunque solo hubiera media docena de personas frente al escenario.
La vida de mi grupo es harto conocida. Llegaron los primeros discos con Hispavox, Héroes del silencio y El mar no cesa. Llegó la fama poco a poco, los viajes promocionales por emisoras de radio y platós de televisión, las entrevistas y las firmas de discos. Llegaron las primeras giras en serio, de la mano de Pito y su agencia, en las que teloneábamos a grandes grupos como Loquillo y los Trogloditas, Gabinete Caligari o Alaska y Dinarama. Fue una escalada imparable que culminó cuando grabamos Senderos de traición con Phil Manzanera en los estudios Kirios de Madrid. Ese fue el disco que nos dio a conocer en Europa. Recuerdo el concierto que ofrecimos en Berlín el 26 de octubre de 1991 en el transcurso del festival “Soy un extranjero”. Sonó Entre dos tierras, el camerino se llenó de gente y nos dimos cuenta de que las cosas habían dado un giro de 180 grados: el triunfo en Alemania y en el resto de Europa fue memorable.
Nuevas giras, interminables horas pasadas en la furgoneta, las habitaciones de hotel y los camerinos. A finales de 1992 y principios de 1993 grabamos “El espíritu del vino” y nuestra propuesta musical se endureció todavía más. Fue un proceso imparable que culminó con la grabación de “Avalancha” con Bob Ezrin en Los Ángeles. Las canciones se habían endurecido: El camino del exceso, Sangre hirviendo, Nuestros nombres, Avalancha, Rueda fortuna, Parasiempre. Sin embargo, otra parte del repertorio creo que era más fiel al espíritu de Héroes del Silencio: Sirena varada, Tesoro, Flor de loto, En brazos de la fiebre, La chispa adecuada, La espuma de Venus… Difícil elección, todavía hoy en día.
Pero como dice bien la canción: “No hay nada parasiempre”. ¿Por qué se disolvió la banda? Demasiado trabajo, giras extenuantes, poco tiempo libre. Problemas serios de comunicación entre nosotros cuatro. Criterios musicales dispares. La distonía focal de Juan. Los excesos cometidos en tantos años. En fin, que en Los Ángeles, el 6 de octubre de 1996, Enrique abandonó el escenario ante el lanzamiento de objetos y la gira quedó interrumpida. Quedó interrumpida la vida de nuestro grupo. No iba a ser una separación provisional. Un vacío inmenso se adueñó de mí. Tuve que rehacer mi vida junto a mi chica, Inma, y mis dos hijos, Yerai y Adán, en nuestra casa rodeada de jardín a las afueras de Zaragoza. Hasta 2007, con la gira de regreso y los diez conciertos multitudinarios que ofrecimos en América y España. Y hasta ahora, en 2021, cuando empiezo a dar a conocer mis nuevas composiciones: India, Magia, Al abrigo del Moncayo…
Espero que en esta nueva etapa que ahora se abre en mi carrera me acompañéis como lo hicisteis en la etapa en Héroes del Silencio.